Nuestro río, mi río Tajo
Aquí estoy de nuevo, subiendo al Parnaso, contemplando desde
aquí nuestra ciudad, nuestro maltratado
valle del Tajo.
Dos años…., han pasado dos años desde la última vez que me
senté, en la cima del Parnaso, a tratar de transmitir mis sentimientos, emociones, mi rabia, mis alegrías y
tristezas.
Han pasado muchas cosas en este tiempo en mi ciudad y en mi
vida: seguimos perdiendo industrias importantes (Unilever) y amparándose
en la crisis los políticos de turno nos recortan derechos y prestaciones sociales que tantos esfuerzos
costaron conseguir; seguimos pagando las deudas de aquellos que no quieren
compartir sus beneficios…..
Pero también han pasado algunas cosas buenas en este tiempo:
me volví a casar, la familia ha aumentado y ya soy “tío-abuelo”, y….., aunque
tiene su lado malo, la “ladrillitis” ha dado un respiro a este valle y
proyectos como el del PAU de las Cabezadas han quedado paralizados y de momento
podemos seguir contemplando las copas de los árboles cuando, desde el norte ó
desde el sur, arribamos a nuestro
querido Aranjuez.
Allí, junto al río, estábamos los de siempre. Quizás los
últimos que pudimos bañarnos en nuestro río y que, quizás por eso, sabemos lo
que estamos perdiendo o ya hemos perdido.
Había gente joven, si, es verdad, pero creo que muy poca
dado que lo que esta en juego es nuestra forma de vida, nuestro entorno,
nuestra ciudad.
Me acorde entonces, mientras oía una canción que pusieron en
la megafonía del acto, de un texto que había escrito (creo que en el 2010) y
que nunca llegue a colgar en este Blog.
Algunas cosas que se mencionan en él han cambiado y otras se
han incluso agravado, pero no he querido cambiar nada, solamente he añadido
fotos de nuestro río, de su antes y de su después. Solo espero que despierte la
conciencia de alguien y que la próxima vez que tengamos que salir a la calle a
defender al Tajo seamos unos cuantos más.
Por otro lado, quisiera comprometerme a escribir , a subir
al Parnaso con más frecuencia. Pero………..
"Hace algunos años, en una tertulia radiofónica que se celebraba los sábados por la mañana en
Radio Aranjuez, uno de los tertulianos (creo que se llama Felipe Sánchez Ríos)
hablaba de la perdida de la memoria en todo aquello que concierne a Aranjuez.
En un primer momento no entendí a que se podía referir con
esta pérdida de memoria; pero ahora, pasados los años, creo entender
perfectamente a que se refería.
Mi familia, llego a Aranjuez a principios de los años cuarenta, mi abuelo viajaba desde Valencia al mercado central de Madrid con camiones de naranjas, y, al llegar a Aranjuez, una riada, puede que una de la últimas que el Tajo tuvo, le impidió continuar su viaje.
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¿La última riada - 1940? |
El río (que nos llevaba….) había abandonado su cauce
y junto con el Jarama había inundado
todo el valle, no había forma de pasar hacia Madrid, y supongo que la vuelta
por Toledo no debía ser tampoco posible.
En definitiva, mi abuelo se vio obligado a alquilar un local
en Aranjuez y tratar de vender sus naranjas. ¿Resultado?., las naranjas se vendieron fenomenalmente
(acudían compradores de todos los pueblos de la comarca) y los
siguientes viajes tuvieron como destino Aranjuez y no el mercado central de
Madrid.
Nació lo que todavía alguno de nuestros mayores recuerda
como “El cuarto de las naranjas”, situado en la esquina de las calles Almíbar y
Abastos, en diagonal con otro establecimiento, también desaparecido, histórico
en nuestra ciudad, “El Noblejano”.
Hemos ido perdiendo la memoria y olvidado cuando había que
atravesar la Mariblanca en barca debido a las riadas.
Seguimos admirando los enormes y espléndidos árboles de la
Calle de la Reina (por cierto, ¿para qué sirvieron los chips que se les colocó
hace unos años?), pero nos hemos
olvidado de los plátanos de igual tamaño que había en la calle Capitán o en la
calle del Rey, o la carretera del embocador , o los que había en la margen izquierda
de la carretera de Toledo en dirección a la estación, y otros y otros arboles
que han ido cayendo uno tras otro en aras del mal llamado progreso y de oscuros
intereses económicos de los responsables de turno.
Nuestros visitantes y las generaciones más jóvenes de
arancentanos se maravillan del entorno del que disfrutamos. Pero…. ¿Qué opinan
nuestros mayores?, ¿Dónde quedaron los baños en el río?, ¿ donde se fue la
playa de “la peseta”, los domingos de
baño en el embocador, la rotura, el chinarral, el rancho grande o la pavera?
Si repasamos
estadísticas de comienzos de los sesenta podremos ver que Aranjuez, después de
Madrid capital, era el pueblo más importante de la provincia. Disponíamos de
industrias importantes (EISA,LEVER,PIRELLI,MAFE,CEPA) una pujante agricultura
que atraía incluso a quienes ahora son destinatarios del agua de nuestro río,
¿recuerda alguien que la “pará palacio” se convertía en secadero de ciruelas
recogidas por agricultores murcianos que compraban las cosechas de Aranjuez?
Deberíamos aprender de tiempos pasados para no cometer
errores. No podemos mantener un Aranjuez sin crecimiento; pero nuestro entorno,
nuestros antepasados, nuestros mayores, las generaciones futuras de arancetanos
nos piden, nos pedirán, poder seguir
disfrutando de los arboles, de los sotos, de los paseos, de la ciudad que
Aranjuez es.
Se han de buscar alternativas, ofrecer ideas que nos ayuden,
recuperar actividades agrícolas que aporten puestos de trabajo y recuperen
productos tradicionales de nuestras huertas como los “pericos” (espárragos
blancos que se daban en nuestras campos); actividades turísticas que ayuden a
recuperar las sendas de pescadores que existían a lo largo del río y hoy
invadidas por maizales; sendas que podrían convertirse en rutas de incalculable
valor ecológico para disfrutarlas a pie, en bicicleta o a caballo.
Si así ocurriera, habremos perdido la memoria a la que se
refería el tertuliano, los arboles irán desapareciendo poco a poco, no iremos
olvidando de los que teníamos y las generaciones futuras, al no haberlos
conocido, no los echaran de menos y
cuando solo queden unos cuantos arboles pensaran que su pueblo es “muy
fresquito”.
Mi familia le debe mucho a Aranjuez y al Tajo, pues gracias
a una de sus riadas nos encontramos aquí. Pero no olvidemos que “TODOS” les
debemos mucho pues hasta el momento hemos podido disfrutar de una calidad de
vida difícil de encontrar hoy en día.
Consigamos entre TODOS que esa calidad de vida la puedan
seguir disfrutando todos los arancetanos del futuro."
¿Qué ha pasado con los sotos de ribera como los que había
entre el Puente de la Reina y el embocador?, ¿por qué se consintió, a mediados
de los ochenta, que los maizales invadieran el terreno de dominio publico de las
márgenes del río?
El río que nos llevaba es hoy un simulacro de río casi
comparable con el triste Manzanares que atraviesa Madrid. Su mermado cauce ha
hecho descender el nivel freático y, con esta bajada, arboles centenarios como
los que había en la carretera de la Pavera han ido “falleciendo” uno tras otro
debido a la falta de agua o a plagas que les han ido restando las escasas
reservas de que disponían.
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La rotura - 1980 |
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La rotura - 1980 |
Podríamos culpabilizar al trasvase Tajo-Segura de todos los
males que padece nuestro Tajo y su entorno,
pero somos muchos los culpables.
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La rotura - 1998 |
Aranjuez, va perdiendo día a día su memoria y su identidad,
¿Dónde se fueron las huertas, donde la enorme variedad de frutales que
albergaban, conoce alguno de los jóvenes arancetanos las manzanas de “verruga”?
Pero no solo es nuestra flora la que ha ido desapareciendo
con los años, no es solo nuestro Tajo el que ha padecido nuestra desidia.
Nuestra ciudad, nuestro casco urbano, las típicas corralas que dieron carácter
a nuestra ciudad han ido siendo victimas de la piqueta especuladora de
constructoras e inmobiliarias.
¿Quién recuerda que, al parecer, hubo un intento
(afortunadamente abortado por un grupo de ciudadanos verdaderamente
concienciados) de construir en el centro de lo que hoy son las calles del Príncipe
e Infantas dejando como calzadas los actuales bulevares?
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El rancho grande - 1980 |
Existían multitud de comercios, industria textil,
conserveras……
Aranjuez era el centro no solo de la comarca de las vegas,
era un centro de atracción de gentes de toda España buscando un futuro mejor.
Junto con la memoria como ciudad hemos ido perdiendo
industrias, comercios, el agua, las cosechas, el Teatro Real. (¿Recuerda alguien
que existía un Teatro de propiedad privada en la calle Stuart semi-esquina a
Infantas?). Diversiones tan nuestras como los cines de verano (han existido
cines de este tipo junto a la iglesia de San Antonio, en el Brillante, junto a
la Telefónica, en la Plaza de Toros, en la calle de las Heras, en Stuart (el
frontón), el Cine Nuevo de Verano en la carretera de Andalucía y el
recientemente derribado Cine Moreras)
Hemos perdido prácticamente nuestros “Gangos”, los domingos
en el río; un río que en verano se llenaba de bañistas provenientes de los
pueblos del sur de la capital y que desgraciadamente todos los años se cobraba
su tributo; hemos perdido los juegos de niños en el “bule”, y tantas y tantas
otras cosas que nuestra memoria ha ido olvidando poco a poco.
Pero, desgraciadamente, en el futuro aun habrá otras cosas
que, tras desaparecer, iremos olvidando. Ahora parece que le llega el turno a
las pocas huertas, maizales más bien, que quedan.
Si sigue adelante el proyecto de las Cabezadas, todas las
huertas que antaño poblaron cientos y cientos de frutales se convertirán
(canales de remo aparte) en viviendas de cinco plantas; se unirán a la realidad
del PAU de la Montaña, el cual, afortunadamente, no ha significado la
desaparición de vega alguna; pero deberíamos memorizar el paisaje de Aranjuez y
su vega para no olvidarlo (aunque quizás ya sea tarde) pues las construcciones
en altura de este PAU, y las que se construirán en las Cabezadas, habrán
alterado irremediablemente el paisaje de la Vega del Tajo.
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El rancho grande - 1998 |
No soy arquitecto, ni urbanista, solo soy un arancetano al
que le gustaría no seguir olvidando lo que Aranjuez fue, lo que Aranjuez
todavía es o lo que Aranjuez podría seguir siendo.
A finales de los sesenta y durante los años setenta Aranjuez
se quedó estancado en todos los sentidos. El número de habitantes no crecía,
las industrias empezaron a desaparecer, las huertas se transformaron en simples
maizales, los murcianos dejaron de venir a recolectar a Aranjuez y se llevaron
nuestra agua….
Es cierto que estos
años no fueron nada buenos para nuestra ciudad, pero por otro lado no nos
convertimos en una ciudad como Alcorcón, Getafe, Leganés, Móstoles, etc.….
De nada sirve un “Paisaje Cultural de la Humanidad” si nos
limitamos a conservar solo lo que esta dentro de sus limites, de que servirá si
lo rodeamos de edificios y edificios sin personalidad alguna. ¿Alguien se ha
parado a pensar que podríamos llegar a convertir el “Paisaje Cultural de la
Humanidad” en una especie de Parque del Retiro de Madrid rodeado por cientos y
cientos de casas ya sean unifamiliares o en altura?
Creo que todos deberíamos arrimar el hombro, hacer memoria,
hablar con nuestros mayores para que nos ayuden a recordar y no olvidar;
deberíamos recuperar aquello que podamos y conservar los que nos queda. Que
antes de recalificar, urbanizar, construir, etc.….; se estudie y entienda
Aranjuez como un todo, no podemos permitir que el paisaje de nuestra vega quede
diluido entre edificios y que sobre ellos asomen tímidamente las copas de los
arboles supervivientes. No podemos permitir que desde la cuesta del Regajal o
desde la de la Reina, los edificios del PAU de la Montaña, las Cabezadas o
cualquier otro PAU venidero, hagan desaparecer entre el cemento y el asfalto el
paisaje que siempre nos ha caracterizado.
Busquemos industrias que ayuden a mantener un desarrollo
sostenido de nuestra ciudad, para no convertirnos en otra ciudad dormitorio,
pero impidamos que un excesivo y descontrolado crecimiento nos haga ir
perdiendo, poco a poco nuestra identidad y nos aboque al olvido de lo que
fuimos.
Ojala no seamos nunca objeto de una chanza como la que el
marido de una compañera de trabajo hacia sobre un pueblecito de la mancha al
comentar que debía ser un pueblo “muy fresquito” pues tenia tres o cuatro arboles en la plaza.